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jueves, 3 de marzo de 2016

Uno de Diez

“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.”
Lucas 17:15-16

Si alguna vez te preguntaste porque razón a dos o más personas que pasan por la misma situación les va a unos bien, a otros mal, a unos excelente y a otros muy mal, la respuesta es: la actitud, eso es lo que hace la diferencia entre los hombre y mujeres, la semana anterior hablamos sobre tener un corazón agradecido, esta semana quise compartir la segunda parte de esa meditación, tu actitud agradecida puede darte más de lo que esperas, por favor continua leyendo.

A lo mejor en caso de no conocer la historia que se encuentra en Lucas 17:11-19 iras y la leerás (de hecho espero que lo hagas), pero quiero resumírtela para que tengamos un momento de reflexión sobre ella, mientras Jesús se dirigía a Jerusalén, se encontró a 10 leprosos al entrar en una aldea, ellos le pidieron que los sanara, recibieron lo que pidieron pero solo uno de los 10 volvió agradecido delante del hijo de Dios.

Ahora bien, hay unos detalles importantes que me gustaría que analizáramos:

En primer lugar, sabemos que en la Biblia la lepra es tipo del pecado, así como los 10 leprosos nosotros también necesitamos ser limpiados por Dios, si le has recibido como tu salvador personal, él ya lo ha hecho, Dios nos ha lavado con su sangre preciosa, le debemos nuestra sanidad interior y esa es una razón para ser agradecidos.

En segundo lugar el texto base dice: “Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz” (énfasis mío) cuando tenemos un corazón agradecido para con Dios no nos da vergüenza que los demás lo sepan, he visto mucha gente que viene a los pies de Jesús, reciben perdón de sus pecados e inmediatamente sin temor alguno quieren compartir con otros la gratitud que hay en sus corazones, eso es bueno, si sientes gratitud en tu corazón por ninguna razón dejes que se apague ese fuego.

En tercer lugar, el texto base dice: “volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias” (énfasis mío) cuando tenemos un corazón agradecido florece dentro de nosotros la humildad, en lo personal creo que no puede haber agradecimiento sin humildad, creo firmemente que van de la mano, humillarse delante del señor no implica ser pisoteado por él, humillarse delante de Dios implica reconocer que Dios es más sabio, más fuerte, y mucho más grande que yo y que mi vida en sus manos es mejor que en las mías.

Y en cuarto y último lugar dice: “y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano” (énfasis mío) definitivamente todo lo que está escrito en la Biblia tiene una razón de ser o alguna enseñanza, en esta ocasión, lo que el autor escribió al final del versículo no fue por casualidad, a pesar de ser samaritano lo que implicaba tener enemistad con los judíos, este leproso fue ante Jesús a quien en su muerte llamarían “El rey de los Judíos” con humildad y agradecimiento porque Jesús no le dio otra cosa que sanidad, amor y perdón.

Ni tú ni yo merecíamos sanidad, amor y perdón de Dios, pues al ser pecadores amigos del mundo nos estábamos constituyendo enemigos de Dios, sin embargo él nos amó aun siendo enemigos suyos.

En resumen, todos somos pecadores que necesitamos ser sanados de la lepra espiritual (Romanos 3:23) pero cuando somos limpios y adoptamos actitud de agradecimiento a Dios le glorificamos sin sentir ninguna vergüenza (Lucas 17:15) y junto con el agradecimiento vienen a nosotros una actitud de humildad, reflejada en nuestra conducta para con Dios y con otras personas y en último lugar debemos ser agradecidos con el padre celestial porque aunque el pecado nos hacía estar enemistados con él, envió a su hijo por amor a nosotros a salvarnos y limpiarnos de nuestra maldad.

Para finalizar Quiero compartirte esta preciosa cita que habla del amor que Dios nos ha mostrado, seamos agradecidos con Dios. Bendiciones.

“Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho; me incliné a ellos para darles de comer”
Oseas 11:4 DHH

EG.