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jueves, 18 de febrero de 2016

Tratamiento Médico

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y CONSTANTES, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
1 Corintios 15:58 (énfasis mío)

Los antibióticos son un medicamento que nos permite prevenir infecciones, se trata de drogas que atacan a las bacterias destruyéndolas o evitando su reproducción, pero para lograr que el medicamento de resultados, es necesario completar el tratamiento, algunas personas no terminan el tratamiento porque ya no presentan síntomas de lo que pudo haber generado infección, lo que es un tremendo error porque no tendrá los resultados esperados, esta semana precisamente estoy en tratamiento con antibióticos, y meditando en esto quise compartir esta reflexión sobre la constancia, por favor continua leyendo.

En la vida del creyente también hay bacterias, las cuales debemos entenderlas como bacterias espirituales, estas bacterias tratan de crear infecciones que destruyan el templo y morada del espíritu santo, pero por lo general, así como sucede con las bacterias que afectan nuestro cuerpo físico, no las podemos ver, y muchas veces padecemos infecciones porque no cuidamos nuestro cuerpo de las bacterias, pues de la misma forma ocurre con las bacterias espirituales.

¿Qué podría considerar como bacterias espirituales?

Todo aquello que trata de ensuciar nuestra mente y nuestro corazón, toda aquella suciedad que proviene de pensamientos de maldad (Santiago 1:13-14), todas nuestras acciones, todo lo que nos aleja de Dios (en otras palabras el pecado) es causante de infecciones que cortan el buen funcionamiento de nuestra relación con Dios.

Entonces, ¿Qué hago para atacar a las bacterias destruyéndolas o evitando su reproducción?

Debemos cumplir con el tratamiento y ser constantes en él, ¿Cuál tratamiento?

1-      La lectura de la palara de Dios, ya que a través de ella somos confrontados con nuestro pecado para saber cuál es nuestra área infectada
2-      La oración, ya que a través de ella somos purificados cuando confesamos nuestros pecados y somos lavados y purificados

Estos dos, entre tantas formas que tenemos para acercarnos a Dios y mantener nuestra comunión con él, ayuno, servicio, alabanza, ofrenda, etc, etc, etc. todo esto requiere de mucha constancia, y por supuesto como todo un buen antibiótico, debe ser un tratamiento en nuestro diario vivir, si no terminamos el tratamiento lo más probable es que vamos a recaer en la infección, si esto sucede el pecado puede generar inmunidad ante los antibióticos espirituales y puede quedarse para terminar por darnos una lenta y dolorosa muerte espiritual.

Es necesario que atendamos al llamado del apóstol Pablo a mantenernos CONSTANTES, este tratamiento espiritual debe durar hasta que las bacterias sean eliminadas de nuestro cuerpo, y eso solo sucederá cuando el señor vuelva por nosotros y le recibamos con un cuerpo glorificado, hasta entonces debemos estar firmes y constantes.

Limpiémonos de las bacterias, y sigamos el tratamiento, de esa forma no estaremos avergonzados cuando el rey de reyes y señor de señores regrese

1 Juan 2:28
“Y ahora, hijitos, PERMANECED en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados.”


EG.